A la par de los discursos triunfalistas con un elevado tinte electoral para las presentes y futuras elecciones, se deja entrever que la crisis económica, consecuencia de una depredación nacional, se ha traducido ya en una crisis política, donde la desconfianza se acrecienta ante la mercantilización de los procesos electorales, las estrategias surgen y se agotan sin lograr la legitimidad, es decir el apoyo de los mexicanos, la estrategia de alianzas partidistas se han desgastado, ya sin capital político, ni oferta electoral, se ha adoptado a la amenaza, a la dadiva y a la compra de voluntades, todas ellas practicas antidemocráticas que no logran la necesaria legitimidad.

El triunfo legal debe estar respaldado por la legitimidad o sea el apoyo de la ciudadanía que haya votado por convicción y no por haber vendido su voto. La corrupción y la ambición por perpetuarse en el poder para enriquecerse, ha convertido a la democracia mexicana en un mecanismo, donde los que ganan no son los que votan, sino los que cuentan los votos.

La legitimidad se gana con ofertas políticas sustentadas con hechos y compromisos cumplidos, pero la pobreza y la desigualdad no son los mejores avales ni de los discursos oficiales, ni de la oferta política electoral, porque no son creíbles, sin evidencia no hay credibilidad.

Según datos de la CEPAL, un millón 250 mil personas concentra el 33 % de la riqueza que genera la economía mexicana, y 12 millones de personas el 66%, restante, en conjunto representa el 1% de la población total nacional, con el 99% de la riqueza nacional; mientras que el 99% de la población, o sea 109 millones de mexicanos, se reparten tan solo el 1% de la riqueza, esta asimetría es la evidencia de una abismal desigualdad, es la antidemocracia económica.

La explicación se encuentra en el cambio de orientación de la política social como de las políticas salariales y laborales, puesto que se puso en práctica la eliminación progresiva de subsidios al consumo y la liberación de precios de los productos básicos.

A partir de la aplicación de modelo económico que tiene como motor a la empresa trasnacional, la economía mexicana ha mostrado una mayor inestabilidad que en el pasado, ya que esta mas expuesta a las fluctuaciones de los mercados internacionales.

Al finalizar la década de los años 70s los sueldos y salarios representaban el 40% del PIB pero ahora representan el 35%, súmele usted que el deterioro del poder adquisitivo de los salarios supera el 76.3% en casi tres décadas; según el Centro de Análisis Multidisciplinario de la facultad de Economía de la UNAM, en el 2016 el salario era de 73.4 pesos y el costo de la canasta básica sumaba 218 pesos, tan solo alcanza para comprar el 33% de la canasta; imagínese usted que en 1987 el salario era de 6.47 pesos y el costo de la canasta básica era solo de 3.95 pesos, lo que significa que el salario superaba en 39% el costo de la canasta y ahora es a la inversa.

Hasta antes del gasolinazo el poder adquisitivo del salario cayó 11.11%, pero después del incremento de los precios de gasolina, aunque suban el salario a 90 pesos, que es poco probable, no se recuperaría el poder adquisitivo que tenía, por el incremento de los precios que hasta el mes de abril era de 5.8% el índice general y el no subyacente ascendió a 9.25%, el deterioro en los niveles de bienestar de la mayoría de los mexicanos es brutal. ¿cuál avance tenemos? Si la devaluación del peso cayo en 46% en lo que va del sexenio de Peña Nieto.

El Secretario de Hacienda José Antonio Mead, sí el que declaro que el gasolinazo no impactaría en el incremento de los precios, comparó a la economía mexicana con el equipo de futbol de los Xolos de Tijuana que son mas rentables, porque son los que pagan salarios mas bajos que otros equipos, y tienen un buen desempeño; esto a la luz de las declaraciones de Francisco Díaz Presidente del grupo BBVA-Bancomer quien declaró que “es admirable la resistencia de la economía mexicana ante los desafíos recientes” esto es porque la filial en México logro utilidades por 119 millones de euros, algo más de 2 mil 499 millones de pesos, entre otras cosas porque la tasa impositiva que se paga en México es mas baja que en España y por la reducción de sueldos y salarios mexicanos.

O sea que la Secretaría de Hacienda subsidia a las grandes empresas trasnacionales a costa del bienestar de los mexicanos. ¿Si la economía crece a quien beneficia? ¿y si no crece quien paga los costos?

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