Ante el avance de la mitificación de la Inteligencia Artificial (IA) cabe reflexionar lo que describe el creador del chatbot ELIZA, Joseph Weizenbaum, del MIT “…las máquinas han sido fabricadas (programadas-entrenadas) para comportarse de manera asombrosa, lo cual basta para obnubilar incluso al observador más experimentado. Sin embargo, una vez desenmascarado un programa determinado, una vez que se explica su funcionamiento interno en un lenguaje, lo suficientemente llano, como para facilitar su comprensión, su magia se desmorona…es una simple serie de procedimientos, cada uno de los cuales resulta bastante comprensible” (Weizenbaum, 1966).
La tecnología ha registrado avances sorprendentes, a una velocidad impulsada por el dominio de los mercados, para lograr las más altas tasas de ganancias, las cuales no tienen techo, solo incrementarla lo más rápido posible, los mercados son el contexto y el medio para lograrlo, la tecnología en todas sus vertientes y manifestaciones, y de manera específica la Inteligencia Artificial, obedecen a un modelo de negocio y no al sentido humano, ni social
El objetivo, transformado en obsesión, de Sam Altman por lograr la Inteligencia Artificial General (AGI) destinando esfuerzos de I+D para mejorar su modelo 01 (Stramberry) para llegar a una AGI, con capacidad de realizar cualquier tarea intelectual que un ser humano pueda hacer.
Los avances como, un mejor razonamiento o cadenas de pensamiento, entre otras tantas, no han sido suficientes para superar su dependencia de instrucciones humanas; tampoco tiene capacidad de aprender de experiencias propias, como lo hace un humano, interactuando con sus ecosistemas físicos y sociales, por lo que carece de creatividad y adaptabilidad (Andere, 2025, págs. 293-294).
A lo largo de su proceso histórico de más de 600 millones de años, la humanidad ha sobrevivido a todo tipo de desafíos, como las guerras, las enfermedades y los fenómenos climatológicos, lo cual ha sido posible al haber desarrollado una inteligencia basada en el binomio cognitivo-emocional, inherente a su condición biológica, de la cual carecen, tanto la IA generativa como la super inteligencia (AGI), es su mayor limitante, para igualar y mucho menos para sustituir a la Inteligencia humana (IH). La IA puede hacer muchas cosas, pero no puede ser una persona (Pollan, 2026).
El exceso de mercado ha desatado las ambiciones de poder y de depredación del planeta, ante lo cual el Consejo del Futuro Global, busca alinear a la IA con los valores humanos, desarrollando un software con principios éticos, abstractos, en directrices técnicas, además de implementar sistemas auditables (Larsen & Dignum, 2024).
Sin embargo, Eric Sadin (Sadin, 2026) aborda el desafío de la ausencia de ética y de sentido humano en la IA, a partir de la óptica del significado ontológico, ético y epistémico, en virtud de que actualmente la IA termina por limitar la capacidad de juicio, reemplazándola, en la medida que le concedemos toda la confianza a los sistemas de IA.
La sociedad, y en especial los jóvenes, le han cedido su valor supremo a la IA, que son sus datos personales, la pérdida de la privacidad ha sido paulatina, pero intensa y cada vez mayor, al grado que ya se considera a la IA como el asesor-confidente, más que asistente, de usarse como herramienta, se ha convertido en influyente en la toma de decisiones, generalmente equivocadas.
Si ya es complejo enfrentar el desafío del dominio actual de la IA generativa, será más difícil cuando lleguemos a la AGI la inteligencia artificial general, porque emulará más habilidades propias de los humanos, claro sin que lo supere.
¿Cómo enfrentar ese desafío? La respuesta está en la toma de conciencia de la sociedad, donde las instituciones educativas tienen un papel preponderante, sobre todo porque las aplicaciones académicas de la IA, deben estar definidas por el uso responsable, consciente y ético-científico, haciéndose necesaria una nueva normatividad, colocando en centro al ser humano en una dimensión social, en tránsito hacia el futuro.
Es preciso crear una cultura filosófica-humanística y tecnológica, que genere los nuevos conceptos que impulsen una conciencia humana en una era tecnológica, como el techne que planteaba Ortega y Gasset, es decir la tecnología creada por el ser humano, para transformar sustentablemente nuestro entorno, en beneficio de la humanidad y no del mercado.
_El Exceso de Mercado y Ausencia de Humanismo Es el Alto riesgo de la IA
Bibliografía
Larsen, B., & Dignum, V. (17 de octubre de 2024). WORLD ECONOMIC FORUM. Recuperado el mayo de 2026, de weforum.org: https://www.weforum.org/stories/2024/10/ai-value-alignment-how-we-can-align-artificial-intelligence-with-human-values/
Andere, M. E. (2025). Monstruo o Prodigio: Cómo la IA está trasnformando la escuela, el trabajo y la vida. Ciudad de México, Méxio: Siglo XXI Editores.
Haldar, A. (30 de diciembre de 2025). Project Syndicate. Recuperado el mayo de 2026, de project-syndicate.org: https://www.project-syndicate.org/commentary/ai-climate-risks-are-about-misalignment-not-lack-of-knowledge-by-antara-haldar-2025-12
Pollan, M. (24 de febrero de 2026). WIRED. Recuperado el mayo de 2026, de wired.com: https://www.wired.com/story/book-excerpt-a-world-appears-michael-pollan/
Sadin, E. (2026). El Desierto de nosostros mismos. Caja negra.
Weizenbaum, J. (6 de Enero de 1966). ELIZA- A Computer Program For the Study of Natural Language Communication Between Man and Machine. Communications of the ACM, 9(1), 36-45.










