Roberto Morales Estrella

Economía e Innovación

Uno de los ejes de la política laboral en México, en voz del Presidente Peña Nieto, es el impulso a la creación de empleos formales de calidad, el segundo es la democratización de la productividad que la entiende a nivel individual, para ello instituye los bonos de productividad para los trabajadores, cuando en ésta era global productividad es construir capacidades tecnológicas organizacionales, donde el talento y destreza de los trabajadores es determinante, para crea valor agregado superior, para que nuestros productos logren posicionamientos competitivos en los mercados, dando respuesta a la innovación disruptiva.

Salvaguardar los derechos de los trabajadores, no solo es mencionar las conquistas históricas en ceremonias, eso es vivir en el pasado, sino crear las condiciones de desarrollo de competencias y destrezas de los trabajadores para que agreguen mas conocimiento en cada una de las acciones que desarrollan en sus puestos de trabajo, paz laboral como cuarto eje, no debe ser solo que no haya huelgas, sino institucionalizar el trabajo decente y el salario digno, como lo tiene identificado la Organización Internacional del trabajo (OIT) “un trabajo productivo con remuneración justa, seguridad en el trabajo y protección social para sus familias, mejores perspectivas para el desarrollo personal y la integración social”.

Solo así se podría ejercer el derecho constitucional de un empleo digno y socialmente útil, con mayor productividad y mejores ingresos, que propicien movilidad social suficiente para abatir la pobreza y la desigualdad.

Pero la realidad cotidiana nos muestra otro panorama, desde la perspectiva de la teoría económica el gobierno Federal ha adoptado el modelo neoclásico, que considera a la mano de obra como una mercancía, que se compra y se vende, que puede aumentar y disminuir en cantidad y calidad, siendo su precio los salarios, esta visión de considerar al trabajo como un insumo soslaya la condición humana que por derecho tiene toda persona de trabajar y generar sus ingresos para mejorar su bienestar y el de su familia.

El modelos neoclásico no parece ser el mejor para una economía que registra una dinámica demográfica de alto crecimiento como la nuestra, por que deriva en escasez de fuentes de empleo, dado que crece mas rápido la población que la inversión productiva. Este enfoque de mercado del trabajo coloca a la población económicamente activa en la oferta y la demanda es el empleo formal, su diferencia es el área de la informalidad que implica varios tipos de desempleo. Cabe precisar que oferta y demanda de empleo no siempre se presentan de forma simultánea.

En septiembre de este 2015, el 59 por ciento de la población de 15 años y más fue económicamente activa, cuando en el mismo mes del año 2014 fue de 60 por ciento, ¿esto significa que la curva de crecimiento demográfico llegó a su punto optimo? Esto implicaría que el bono demográfico tiende a disminuir, ¿que harán nuestros jóvenes de hoy, cuando lleguen a la tercera edad sin jubilación ni una política de empleo para ellos?, la falta de actualización de sus competencias y habilidades los lanzaran a una pobreza tal que no habrá programa asistencialista que les de una vida digna.

INEGI reporta que en este septiembre la tasa de desempleo llego al 4.2 porciento de la población económicamente activa, pero la tasa de subocupación alcanzó el 8.5 porciento en el mismo mes, mientras que la tasa de la informalidad llego al 57.6 porciento, si consideramos a la informalidad y la subocupación como desempleos de diferentes condiciones, que no se acercan al trabajo decente por que no tienen prestaciones, son desempleos disfrazados, por lo que el desempleo llegaría a 70.3 porciento; si a esto le agregamos los resultados deflactados de los salarios mínimos por el Índice Nacional de Precios (y eso que la inflación es la mas baja en muchos años), nos arroja que el salario mínimo nominal en el 2000 era de 35.12 pesos y el impacto real (poder adquisitivo) era de 59.8 pesos; para septiembre del 2015 el nominal es de 70.10 pesos y el real es de 59.8 pesos; esto explica la mayor pobreza y la profundización de la desigualdad. ¿Donde esta el avance en el empleo?

 

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